2001-2

EL PUEBLO CHINO

LA DANZA LA LLEVA EN LA PIEL

Texto:Wang Lei
Fotos: Pang Liping

    La primera vez que vi a Teng Aimin, y me llamó fuertemente la atención, fue en una gran foto de uno de sus espectáculos. Es un hombre fuerte, con los músculos marcados sobre la piel, y sus largos pelos negros y lacios atados en cola de caballo. Una noche fui al teatro a ver un espectáculo de danza moderna. Esa fue la primera vez que lo vi sobre un escenario. Su figura y la plasticidad de sus movimientos hacían que fuera el que atraía más la atención de los espectadores.

    Teng dice, “si, tal vez es porque soy el “único viejo” de nuestro Conjunto de Danza Moderna, por eso tengo más experiencia y puedo expresar mejor las ideas contenidas detrás de la danza.

    Teng Aimin tiene 30 años. Nacido en la provincia de Shandong, se inició como bailarín a los 12 años en el Conjunto Militar de Cantos y Danzas en su pueblo natal. A los 20 años, se despidió de sus familiares, abandonó su trabajo seguro y el grado militar que había obtenido, y se vino a triunfar a Beijing, ciudad de gran actividad cultural y en la que se concentran gran cantidad de artistas.

    Pero en Beijing se enfrentó con muchas dificultades. Para ganarse la vida se vio obligado a dedicarse a otros trabajos y estuvo a punto de dejar la danza para convertirse en asistente fotográfico. Pero Teng Aimin nació para la danza, la lleva en la sangre, en la piel, forma parte inseparable de su vida. Tocó todas las puertas para encontrar una oportunidad. Descubrió la danza moderna y se dedicó a fondo a ella. Esta era la danza que yo buscaba, ella me permite expresar plenamente mi personalidad, dice Teng.

    Tuvo la suerte de ser aceptado por el Conjunto de Danzas Modernas de Beijing; poco después, gracias a la calidad de sus representaciones, firmó contrato con ellos. En la actualidad es una de sus estrellas.
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    Teng dedica todo su tiempo a la danza moderna. Dice que es un arte de la acción, la mejor forma para expresar con profundidad nuestros sentimientos. A pesar de llamarse “moderna” esta danza nos trae imágenes primigenias, muy profundas, que se remontan a nuestros orígenes. Por ejemplo, dice Teng, una vez nuestro conjunto fue a presentarse en el Tíbet, me sorprendió que los pastores se conmovieran con mi danza y que me aceptaran a mí. Me impresionó profundamente su emoción y comprensión de nuestras coreografías. Desde ese entonces ame y quise aún más mi profesión. Estoy convencido de que la “danza moderna” en cuanto expresa sentimientos verdaderos, puede conmover y emocionar a cualquier espectador.


Con su esposa.


    Teng también es coreógrafo y director. Muchos de sus trabajos han sido galardonados en nuestro país y en el extranjero. Su mayor éxito, dice, es haber obtenido el premio de plata en el Concurso de Danzas de China '2000, pues es la más alta recompensa a los trabajos de danza moderna que se entregó en este concurso.

    En la actualidad, Teng Aimin está preparando una coreografía sobre el maravilloso hecho de dar vida a un ser, inspirada en la dicha que le acaba de dar su esposa al dar a luz una niña.


    Al hablar de su esposa, que también es bailarina, Teng se llena de alegría y satisfacción. Ella es el mejor regalo que me ha dado Dios, dice. Desde que la vi por primera vez supe que sería algún día mi esposa. Teng es un hombre responsable y cuida mucho a su familia; y es muy ordenado en su casa, tal vez porque de joven se incorporó en el EPL y en esa gran familia creció.

    Lleno de emoción nos dice. La decisión que tomé hace diez años ha cambiado totalmente mi vida. Si no hubiera llegado a Beijing no sería un artista de danza moderna ni hubiera encontrado a mi querida esposa. Sin estas dos cosas maravillosas mi vida sería muy triste.

    A Teng le gusta tomar vino, este placer lo heredó de su abuelo, que era un gran bebedor. Dicen que una vez en una caminata de sólo diez kilómetros se tomó un botellón de vino blanco. Sin embargo, Teng no heredó esa capacidad para el alcohol sino el generoso carácter de su abuelo, por eso le encanta estar con sus amigos, degustar un buen vino y charlar de las cosas de la vida, de la danza, del amor, de todo lo que los emociona y aman.