2001-2

 HOMBRE Y MEDIO AMBIENTE

 

LAS VIVIENDAS DE KASHI

Texto: Yang Liping
Fotos: Liu Shuxian


Fabricando un instrumento musical.
    Cada vez que visito Kashi, un hermoso pueblo de la Región Autónoma Uygur de Xinjiang, paso mucho tiempo paseando por sus callejuelas, observando la extraña y armónica construcción y distribución de las viviendas, que se levantan abigarradas a ambos lados, de los pobladores de la etnia Uygur.

    La mayor parte de sus callejuelas son estrechas, largas y zigzagueantes y su atractivo mayor son sus singulares casas. Estas, según las necesidades prácticas de cada habitante, no son necesariamente simétricas lo que presenta un pintoresco

aspecto desordenado pero de gran armonía. Algunos cuartos adicionales se levantan sobre los techos, y otras, cosa rara a ver en otros pueblos, están unidas a través de ambos lados de la calle por extraños puentes. De lejos, se ve un conjunto armonioso que utiliza muy bien el espacio. Las características especiales de estas casas refleja el particular estilo de vida de los uygures, sus costumbres de comer, su cultura, lo que les ha permitido desarrollar una extraña y bella arquitectura adecuada al clima de la zona.


Paseando por una típica callejuela.

    Las casas más lujosas de este pueblo son espléndidas, tienen una gran variedad de cuartos de huéspedes y de pintorescos corredores. Las de algunas familias tienen varias salas, cada una de ellas para un grupo étnico particular o para visitantes de distintas posiciones sociales. En sus patios hay columnas pintadas con diversos motivos.

    Por las decoraciones que se encuentran en las casas nos damos cuenta de la gran sabiduría y del alto nivel técnico y artístico de los artesanos de esta etnia. Las decoraciones más populares en las casas de Kashi son las coloridas flores hechas en yeso, las pinturas, los grabados en madera y ladrillo, las ventanas enrejadas de madera o de metal. La mayoría de los motivos son geométricos o de plantas como la granada, uva, y el girasol; también de algunos artículos de uso diario como por ejemplo tazas o floreros.

 


La armonía de la vida.

    Lo que más me gusta visitar en Kashi son las viejas casas que se encuentran en la profundidad de sus callejuelas, donde sus habitantes viven, de generación en generación, en una atmósfera apacible y armoniosa. Cada familia tiene un patio cerrado con muros de abeto que dividen varios pequeños recintos para facilitar la cocina, refrescarse y recibir huéspedes; también sirven para hacer que el aire circule y evitar el sol quemante. Las casas están construidas una contra otra, por lo que dos familias vecinas comparten un muro común. Todas las ventanas y puertas miran al camino. Si uno entra a cualquiera de estas viviendas, será agasajado por la amable dueña que le ofrecerá un vaso de yogur y un trozo de pan nang, comida típica de los uygures.

    A las mujeres de Kashi les encanta cantar y bailar. En sus tiempos libre visitan a sus amigas o se agrupan entre ellas para conversar. Los niños juegan sus juegos de niños en la calle y al ver que una motocicleta se estaciona cerca de ellos, se acercan corriendo llevados por la curiosidad y la admiran.

    Se dice que si no se ha visitado Kashi no se ha visitado Xinjiang. Yo creo que si no se ha visitado sus callejuelas y sus casas típicas no se ha llegado a Kashi.

Limpio y simple patio de una casa familiar. Puerta decorada con motivos geométricos y florales. Un niño de Kashi.