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HOMBRE Y MEDIO AMBIENTE
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LAS
VIVIENDAS DE KASHI
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Texto: Yang Liping
Fotos: Liu Shuxian |

Fabricando un instrumento musical. |
Cada
vez que visito Kashi, un hermoso pueblo de la Región
Autónoma Uygur de Xinjiang, paso mucho tiempo paseando
por sus callejuelas, observando la extraña y armónica
construcción y distribución de las viviendas,
que se levantan abigarradas a ambos lados, de los pobladores
de la etnia Uygur.
La mayor parte de sus callejuelas
son estrechas, largas y zigzagueantes y su atractivo mayor
son sus singulares casas. Estas, según las necesidades
prácticas de cada habitante, no son necesariamente
simétricas lo que presenta un pintoresco
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aspecto desordenado pero de gran armonía. Algunos
cuartos adicionales se levantan sobre los techos, y otras,
cosa rara a ver en otros pueblos, están unidas a
través de ambos lados de la calle por extraños
puentes. De lejos, se ve un conjunto armonioso que utiliza
muy bien el espacio. Las características especiales
de estas casas refleja el particular estilo de vida de los
uygures, sus costumbres de comer, su cultura, lo que les
ha permitido desarrollar una extraña y bella arquitectura
adecuada al clima de la zona.
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Paseando por una típica callejuela.
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Las casas más
lujosas de este pueblo son espléndidas, tienen una
gran variedad de cuartos de huéspedes y de pintorescos
corredores. Las de algunas familias tienen varias salas,
cada una de ellas para un grupo étnico particular
o para visitantes de distintas posiciones sociales. En sus
patios hay columnas pintadas con diversos motivos.
Por las decoraciones
que se encuentran en las casas nos damos cuenta de la gran
sabiduría y del alto nivel técnico y artístico
de los artesanos de esta etnia. Las decoraciones más
populares en las casas de Kashi son las coloridas flores
hechas en yeso, las pinturas, los grabados en madera y ladrillo,
las ventanas enrejadas de madera o de metal. La mayoría
de los motivos son geométricos o de plantas como
la granada, uva, y el girasol; también de algunos
artículos de uso diario como por ejemplo tazas o
floreros.
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La armonía de la vida.
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Lo que más me gusta visitar
en Kashi son las viejas casas que se encuentran en la profundidad
de sus callejuelas, donde sus habitantes viven, de generación
en generación, en una atmósfera apacible y
armoniosa. Cada familia tiene un patio cerrado con muros
de abeto que dividen varios pequeños recintos para
facilitar la cocina, refrescarse y recibir huéspedes;
también sirven para hacer que el aire circule y evitar
el sol quemante. Las casas están construidas una
contra otra, por lo que dos familias vecinas comparten un
muro común. Todas las ventanas y puertas miran al
camino. Si uno entra a cualquiera de estas viviendas, será
agasajado por la amable dueña que le ofrecerá
un vaso de yogur y un trozo de pan nang, comida típica
de los uygures.
A las mujeres de Kashi les encanta
cantar y bailar. En sus tiempos libre visitan a sus amigas
o se agrupan entre ellas para conversar. Los niños
juegan sus juegos de niños en la calle y al ver que
una motocicleta se estaciona cerca de ellos, se acercan
corriendo llevados por la curiosidad y la admiran.
Se dice que si no se ha visitado
Kashi no se ha visitado Xinjiang. Yo creo que si no se ha
visitado sus callejuelas y sus casas típicas no se
ha llegado a Kashi.
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| Limpio y simple patio de una casa
familiar. |
Puerta decorada con motivos geométricos
y florales. |
Un niño de Kashi. |
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