2001-2

FOTOGRAFIA

 

Festival de Fuegos Artificiales en el Lago Oeste

Texto: Wang Xiuying
Fotos: Weng Rong'er, Xu Naihua, Wang Tianrui y Hong Baoping

    Todos los años, en otoño, y para placer de turistas nacionales o extranjeros, se lleva a cabo en Hangzhou, teniendo como marco la majestuosidad y la belleza del Lago del Oeste, el Festival Internacional de Fuegos Artificiales.

    El pasado 21 de octubre, un día después de la inauguración de la gran Feria Internacional del Lago del Oeste 2000, en esta ciudad, más de 500 mil espectadores coparon las orillas del Lago del Oeste para admirar y disfrutar, en una noche iluminada, de una espectacular fiesta de luces danzando en el ecran del cielo.

    Esa noche más de 15.000 cohetes de diferentes intensidades, luces y figuras, activados por encendido electrónico, fueron lanzados al cielo desde las 13 plataformas instaladas para la ocasión sobre un área de 5,6 km² en medio del agua del Lago del Oeste. El primer grupo de cohetes lanzados desplegó en el cielo un saludo de amistad “Bienvenidos a la Exposición del

Lago del Oeste”, y enseguida, cada 5 minutos, fueron lanzados fuegos artificiales fabricados en China, Japón, EE.UU., Alemana, Italia, España y otros países. Los producidos en China dibujaban sobre el cielo remolinos de viento, lluvias de perlas verdes, perlas rojas y caídas interminables de sauces llorones, el más grande artefacto explosivo tenía el tamaño de una sandía, y al abrirse en colores, figuras y luces sobre el cielo cubría en el espacio una área similar a 10 campos deportivos. Los de Estados Unidos iluminaban aún más la noche con sus miles de estrellas fugaces, cielos estrellados y peonías en pleno florecimiento. Los de Alemania, la llenaban de romanticismo con sus cubos de colores; los de Italia, destacaban por la belleza de sus ciruelos blancos dando vueltas en el aire mientras se iluminaba en el fondo de la noche una vía láctea.
    Y el festival llegó a su mayor momento de esplendor cuando se lanzaron al cielo, simultáneamente y desde tres puntos diferentes del Lago del Oeste --el Oleaje de los Sauces y el Encanto de las Oropéndolas, el Quiosco en el Centro del Lago, y el Dique-- los fuegos artificiales llamados “La Cascada del Niagara”. En ese instante el cielo se llenó de colores y una cascada inmensa de agua parecía que caía desde una altura de 250 m. La intensidad de sus luces y colores iluminó toda la ciudad y llenó de felicidad y admiración el rostro de todos los miles de miles de espectadores.