2001-3


UN PINTOR FRANCES EN BEIJING



Texto y Fotos: Chen Han




Charles Chauderlot haciendo un croquis de un lugar de Beijing.

   Charles Chauderlot es pintor. Hijo de padre francés y madre española, nació el año 1952 en Madrid, capital de España.
    El mes de octubre pasado se llevó a cabo la exposición denominada “Pinturas a tinta china de Charles Chauderlot, pintor francés”, a la cual fue invitado un periodista de esta revista. El pudo descubrir como este pintor hacia el retrato de un artista chino usando los pinceles chinos pero la técnica francesa. Charles Chauderlot no es un extranjero de cabellos rubios y ojos azules tratando de ganar la simpatía de los chinos, excitando la curiosidad de los beijineses. La exposición fue un gran éxito. De

las 20 obras expuestas, 10 fueron vendidas la noche de su inauguración. En tono de broma le hemos dicho que se había convertido en un “hombre muy rico” pero su chino, todavía reducido, no le permitió comprender el sentido amistoso y jovial de nuestras palabras..

Su pasión por China nació en Beijing

   En 1963, Charles Chauderlot, por recomendación del profesor Faure, inició sus estudios de pintura en la Escuela de Bellas Artes de Burdeos, Francia. De 1975 a 1990, a exigencia de su familia, entró en la universidad para estudiar derecho y ciencias políticas, diplomándose en ambas carreras, lo que le permitió iniciar su vida profesional. En esta época, en su tiempo libre, perfeccionó sus técnicas de dibujo bajo la guía del pintor francés Michel Vicaire. Es a partir de los años 90 que se dedica plenamente a la pintura. Entre 1987 y 1997, participa en más de cincuenta exposiciones y concursos nacionales e internacionales organizados en Francia y presenta diez exposiciones individuales. Pronto comienza a recibir los elogios y a llamar la atención de los críticos de arte franceses, quienes dicen que en su obra, gracias “al uso particular de los blancos y negros reflejando la luz del sol, es capaz de dar vida a las piedras” Y el éxito no se hace esperar y los premios y menciones comienzan a llegar. En 1993 recibe las medallas de plata del “Arte, Ciencia y Literatura Francesa” y la de la Orden Nacional del Mérito por su creación artística y por su trabajo de difusión y vulgarización de la cultura. En 1994, obtiene un premio especial en el Salón de Invierno de París y, poco después, el del Consejo General del Marne, ambos con felicitaciones del jurado.
    En Francia, los interesados en China y en la inmensa cultura china son numerosos y ésta ejerce actualmente una influencia profunda en ese país. Antes de instalarse en China, Charles Chauderlot la conoció a través de libros o de personas que conocían la historia y cultura china. Y pensó vivir un día en ese país que comenzó a descubrir y amar. La hora de la partida llegó en 1996. La belleza única del arte chino lo sorprendió, tanto si este se manifestaba en la serenidad y elegancia de las piezas del mobiliario Ming, en la tranquilidad de las casas de Beijing de tejas barnizadas, en la majestuosidad del Palacio Imperial, o, simplemente, en la alegre vida cotidiana del pueblo chino. Todo era de un exquisito y profundo refinamiento. Y para no olvidar nada de lo que estaba conociendo y admirando, tomó sus pinceles y su obra en China comenzó. China es su fuente de inspiración. Los pinceles para la caligrafía china son sus únicos útiles de trabajo. Después de 1998, Charles Chauderlot ha presentado cuatro exposiciones en Beijing y Shanghai. Durante estos años, este pintor francés que vive y pinta en Beijing, ha hecho muchos amigos chinos. Sus pinturas de las callejuelas de Beijing han obtenido un gran éxito, tanto entre el público chino como extranjero.

La técnica de Charles Chauderlot

   Charles Chauderlot utiliza para pintar sus aguadas pinceles de caligrafía y papel para acuarela. Con estos materiales logra reproducir en su obra toda la belleza de las callejuelas y las casas tradicionales -de patio cuadrado - de Beijing, y trasmitirnos esa atmósfera elegante y de paz y calma que las caracteriza. Eliminando ciertos elementos, guardando otros, logra hacernos sentir la tranquilidad y armonía de estas casas. Su uso de los blancos, negros y grises logra maravillosos efectos plásticos, la luz es perfecta, dando realmente la impresión de un oasis de paz en medio de la vida tumultuosa de la ciudad. La primera vez que estuve frente a una obra de Charles Chauderlot, mi corazón latió más rápido. El logra transmitir a los que admiramos su obra su concepción de la belleza. Mirando sus pinturas no podemos imaginar que el pintor sea un hombre tan introvertido. Pero si bien no habla mucho, trabaja bastante. Todo el tiempo recorre las grandes avenidas, se hunde en las estrechas callejuelas, de Beijing, buscando las casas tradicionales que aún sobreviven a la modernidad, e intentando, a través de su obra, detener la voracidad del tiempo. Alguna vez dijimos que el arte era un medio de comunicar, ahora también podemos decir que la mirada que el pintor nos ofrece a través de su obra es la de la sorpresa.


La profundidad de una callejuela.

Obras llenas de los encantos de la antigua capital.

La aguada de la cual Charles Chauderlot no quiere separarse: “El N° 22, de la calle Houjie (Calle detrás del Museo de Bellas Artes). El mismo confeccionó el marco inspirándose en las ventanas tradicionales de China.

El N° 22 de la Calle Houjie (Calle detrás del Museo de Bellas
Artes)”, obra de Charles Chauderlot que no está a la venta.

   La exposición que el pasado mes de octubre le consagró la Galería Hualai reunía su obra trabajada ese año. Entre las piezas expuestas hubo una que nos llamó particularmente la atención: “El N° 22 de la Calle Houjie”, que, en una pequeña nota debajo del cuadro, nos informaba que “no está a la venta ». En el N° 22 de la Calle Houjie se encontraba una célebre mansión de patio cuadrado construida durante la dinastía Ming, con dos entradas y sobre una superficie de mil m², cercana a la residencia de un príncipe. Charles Chauderlot explicó a un diario que cuando supo que esta mansión estaba a punto de ser demolida, se apresuró a llegar al lugar, tocó la puerta del 22 y la abrió. Bajo la luz pálida del invierno, Charles Chauderlot vio los troncos de los árboles brillar con la luz del sol que se reflejaba en la parte alta del muro del patio, envolviendo la mansión en una atmósfera refinada y típicamente china, en perfecta armonía con la calma de sus alrededores. Charles Chauderlot quedó profundamente impresionado. Y seriamente pidió permiso a los vecinos del patio para instalarse y dibujarlo. Se sentó en la esquina sudeste del patio, y durante todo el día, sin detenerse un instante, salvo para comer un sándwich al mediodía, trabajó hasta que el sol comenzó a esconderse. A esa hora terminó su obra : “El N° 22 de la Calle Houjie”. Beijing ofrece el encanto y el aspecto popular de sus callejuelas, la belleza de sus patios cuadrados cargados de historia, Beijing ofrece siempre la sorpresa. El 26 de octubre del 2000, el N° 22 de la Calle Houjie fue demolido. Para guardar el testimonio de esa hermosa mansión, Charles Chauderlot decidió conservar con él esa obra tan particular.

La obra Charles Chauderlot nos invita a la reflexión

   La obra de este artista francés que es Charles Chauderlot nos invita a reflexionar sobre el arte chino. La cultura china, por su profundidad, merece reflexión; por su refinamiento, está al alcance de todos; y su belleza es única. La cultura mundial es un patrimonio común a toda la humanidad, ella también pertenece a China.
   Este año se abre un nuevo siglo, y Charles Chauderlot sigue viviendo en Beijing y continúa pintando al aire libre, intentando captar la verdadera realidad de las cosas. Puede ser que un día cualquiera, mientras usted se pasea por una de las estrechas y vivas callejuelas de Beijing, vea a un hombre de cabellos rubios y ojos azules completamente absorbido por su pintura, de seguro se tratara de Charles Chauderlot, un artista francés enamorado de Beijing.