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La isla del Rey George en la que
se encuentra la Estación “La Gran Murallaé está libre
de congelación. En ella están instaladas once estaciones
de investigación científica pertenecientes a nueve países.
Reconstruida en varias ocasiones, la Estación china está
básicamente acondicionada. Su superficie edificada es en
la actualidad más de 5.000 m2. Cuenta con edificios para
la administración, investigación científica, telecomunicaciones,
pronóstico meteorológico, producción de energía eléctrica,
alojamiento, servicios médicos y actividades recreativas
y deportivas, además de las salas dedicadas a las observaciones
sísmicas, de geomagnetismo terrestre, de fenómenos físico-atmosféricos,
de observación de satelites, etc.
En la isla del Rey George abundan
las aguas provenientes de la descongelación de la nieve.
Para mantener la Antártida ajena a toda clase de contaminación,
la Estación china tiene disposiciones muy estrictas sobre
las aguas residuales y las basuras. Instalada hace 16 años,
el Estado ha invertido en el mejoramiento de las condiciones
de vida y trabajo de la Estación un total de 400 millones
de yuanes.
Además de las observaciones rutinarias
de meteorología, fenómenos físico-atmosféricos, geomagnetismo
y sismoloogía, el personal personal que trabaja en la Estación
lleva a cabo durante el verano investigaciones científicas
en las áreas de la geología, geomorfología, meteorología,
geofísica, glaciología, biología, ciencia ambiental,
oceanografía y ciencias humanas.
Después de pasar diez días en
la Antártida nos despedimos de la Estación la “Gran
Murallaé y de los exóticos paisajes del polo sur. Durante
el viaje de regreso, solía aparecer ante mis ojos aquel
mundo plateado donde una bandera roja con cinco estrellas
doradas (bandera nacional de China) flameaba vigorosa al viento
en medio de las solemnes notas del himno nacional.
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El nacimiento
de un pingüino.

El énico rompehielos
de China que navega en el espacio marítimo de la Antártida.

Un niño chileno nacido en el
continente antártico.
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